Las cacerías racistas en las calles de Torre Pacheco (Murcia) revelan la amenaza real que supone la extrema derecha en el Estado español. Toda la izquierda política, sindical y asociativa debemos organizarnos y movilizarnos de forma unitaria y masiva para confrontar el racismo y a sus impulsores.
Desde Izquierda Anticapitalista Revolucionaria – IZAR denunciamos la persecución que sufre la clase trabajadora migrante impulsada por grupos de extrema derecha como Frente Obrero, VOX, Desokupa y Deport Them Now, que han instrumentalizado la indignación motivada tras la agresión a un anciano para agitar el odio, impulsar linchamientos, señalar familias y llamar a destrozar comercios de personas de origen magrebí.
Estos hechos, que no tienen nada de espontáneos, se enmarcan en la reciente agitación racista que VOX y la derecha llevan semanas impulsando con sus propuestas de deportaciones masivas y un discurso islamófobo, mientras el Gobierno “progresista”, en pleno desplome en las encuestas por la corrupción del PSOE y sus políticas antisociales, no solo se demuestra impotente para frenar a la derecha como prometían, sino que le allana el terreno con sus políticas antisociales y la legitimación institucional del racismo con sus políticas fronterizas y de rearme, nuevos CIEs y represión policial impune, como vimos con la muerte de Abderrahim.
La preocupación de la gente ante la falta de recursos es normal cuando no hay una verdadera alternativa transformadora a la izquierda institucional, pero señalar a trabajadores migrantes como hace la extrema derecha no soluciona nada. Al contrario, nos divide y nos debilita mientras los verdaderos responsables de la precariedad y de la falta de recursos en Torre Pacheco y en todos los pueblos agrícolas —los grandes terratenientes, la patronal del campo y los políticos al servicio de los capitalistas— continúan saqueando, explotándonos y haciéndose cada vez más ricos. Los mismos empresarios que quemaron una nave agrícola en El Ejido con 25 trabajadores dentro, que son responsables de los incendios en los asentamientos de chabolas en Huelva o que abusan laboral y sexualmente de las jornaleras. El enemigo es de clase. Que no nos engañen, el problema aquí no es de seguridad, sino de explotación, pobreza y precariedad. Necesitamos presionar y exigir unitariamente más medios, mejores salarios y vivienda para todos. Pero también necesitamos enfrentar masivamente a esos matones de extrema derecha que amenazan a las personas migrantes y que aseguran que sus y nuestros explotadores sigan acumulando más beneficios.
Urge más que nunca la unidad de todo el movimiento obrero y la juventud, nativas y extranjeras, para enfrentar el racismo y las políticas antisociales que nos empobrecen cada vez más y pretenden dividirnos. Solo la clase trabajadora organizada, activa y con independencia de clase puede frenar el racismo y el fascismo.