Traducción de IZAR, añadiendo el papel del Gobierno del Estado Español, de un artículo del NPA-Révolutionnaires.
El Madleen, un pequeño barco que zarpó de Italia el 1 de junio, fue interceptado por Israel la noche del 8 de junio, mientras se encontraba en aguas internacionales. Fletado por la «Flotilla de la Libertad», llevaba a bordo a 12 activistas, entre ellos la activista ambiental Greta Thunberg y la eurodiputada de La Francia Insumisa Rima Hassan, y transportaba suministros humanitarios para romper el bloqueo impuesto a los habitantes de Gaza. La tripulación estuvo en manos del ejército israelí. La anterior flotilla de 2010 terminó en derramamiento de sangre, con 10 activistas asesinados tras ser abordada por el ejército israelí.
En Gaza, la población sigue siendo víctima de la hambruna y los incesantes bombardeos sobre población civil, cebándose especialmente sobre hospitales improvisados y áreas de acogida de refugiados. Incluso la dosificada ayuda humanitaria, instrumentalizada por el Estado israelí, se ha convertido en una masacre: tras prohibir la entrada a Gaza a las organizaciones humanitarias, el estado sionista creó la Fundación Humanitaria de Gaza (FGH), una empresa privada con origen en EEUU responsable de distribuciones de alimentos.
Estas zonas de reparto en realidad son trampas sangrientas, ya que el ejército israelí no duda en disparar contra la multitud, causando decenas de muertos y cientos de heridos. Además, se aprovecha de esta situación para seguir desplazando a la población palestina a su antojo, prometiendo acceso a la ayuda en ciertas zonas predefinidas por el ejército. Irse o morir, este es el único mensaje que envía a la población de Gaza el gobierno israelí, que lleva a cabo su ofensiva genocida con total impunidad.
¡Trabajadores/as, podemos decir no a la masacre!
Como hemos comprobado en estos 21 meses de genocidio retransmitido, no se puede esperar nada ni por parte de la ONU, maniatada y desprovista de funciones, ni de la Unión Europea, que no tiene voluntad política de romper con Israel, ni del propio gobierno Sánchez-Díaz, que se ha limitado a hacer declaraciones de condena tras el fútil reconocimiento del estado palestino pero no ha pasado a los hechos para detener a Israel en su embestida criminal. En el mejor de los casos, son solo palabras e impotencia; en el peor, lágrimas de cocodrilo por un lado y apoyo en la compraventa de armas por el otro.
El gobierno PSOE-Sumar es uno de los peores ejemplos. Mientras Exteriores y Sánchez interpretan la obra de teatro de ser la vanguardia en la UE de defensa de la población palestina elevando el tono contra Netanyahu con una proposición de condena del bloqueo en la franja de Gaza, se resiste a suspender toda venta de armas e impedir el atraque de buques con material militar hasta que el movimiento BDS, periodistas como Olga Rodríguez y el Centro Delàs de Estudios por la Paz desenmascaran las hipócritas maniobras de Defensa e Interior.
Debemos aprovechar cualquier oportunidad para oponernos a este genocidio, que ocurre a la vista de todas y todos los trabajadores, mediante manifestaciones y movilizaciones amplias. En Tel Aviv y Jerusalén, centenares de manifestantes con fotos de niños asesinados en Gaza también salieron a las calles gritando «No al genocidio» y «Las vidas palestinas nos importan» enfrentándose a detenciones y a la acusación de ser traidores a Israel. Debemos intensificar la movilización a nivel internacional, única forma de presionar a nuestros gobiernos cómplices.
Obligados a salir de Gaza o morir en ella
Desde el bloqueo total de la ayuda humanitaria declarado a principios de marzo, seguido de la ruptura de la tregua por parte de Israel el 18 de marzo, las y los gazatíes han vuelto a ser aplastados por las bombas y morir de hambre. Nada entra en Gaza: ni comida, ni agua potable, ni medicinas. Quienes sobreviven a los bombardeos mueren de hambre y ya no pueden alimentar a sus hijos, que son solo piel y huesos. Hospitales, campos de refugiados/as y organizaciones humanitarias son bombardeados sistemáticamente.
Invitado a la televisión israelí a finales de mayo, Zvi Sukkot, diputado israelí supremacista de extrema derecha, declaró con serenidad: «Anoche casi 100 gazatíes fueron asesinados. Y a nadie le importa. Todos se han acostumbrado a que 100 puedan morir en una noche, en tiempos de guerra y a nadie le importa». Y 2 miembros del gobierno, el ministro de Seguridad Interior y el ministro de Patrimonio, discutieron abiertamente la posibilidad de bombardear los escasos suministros de alimentos de Gaza.
Los 2 millones de habitantes en la cárcel a cielo abierto se ven debilitados y desorientados, enviados de sur a norte y viceversa, sin ninguna zona segura. Se les hace comprender que solo tienen 2 opciones: abandonar Gaza o morir. De hecho, las autoridades israelíes ya anunciaron hace semanas su nuevo plan de acción militar: la conquista y la posterior destrucción total de la Franja de Gaza. Mientras tanto, ante la apología del genocidio estadounidense, las potencias imperialistas continúan brindando su pleno apoyo al Estado de Israel.
Al tiempo que los bombardeos se intensifican y la hambruna extermina a los supervivientes, que Irán empieza a desplazar a Gaza de los titulares, en el 77º aniversario de la Nakba se produjeron manifestaciones a nivel internacional, con masivas marchas en los países del Magreb. En La Haya, Países Bajos, se congregaron 100.000 manifestantes. La solidaridad de las y los trabajadores de todo el mundo es la única fuerza internacional que apoya al pueblo palestino para exigir el fin de las masacres y afirmar su derecho a la vida en la tierra que les pertenece.